La dictadura del ‘borreguismo’



Hace tan solo unos días escuchaba con atención a la siempre genial Laura Pausini. La artista italiana era entrevistada por el locutor Xavi Martínez en su recién estrenado podcast en Podimo. Una producción que, por cierto, suena muy interesante y que hila sus entrevistas a través de los 7 pecados capitales sacándoles a los entrevistados un fantástico jugo.

La cuestión es que Pausini, entre otras muchas cosas, habló del coronavirus, de su música, de su trayectoria y de la industria musical actual. Alto y claro se quejó de la, como a mí me gusta llamarla, dictadura del reguetón, y razón no le falta.

Laura Pausini, que hace no mucho colaboró con reguetoneros como Gente de Zona, dijo: “Cuando llega el momento de sacar tu disco te dicen que en Florida funciona el reguetón, así que o se hace un dueto con alguien de allí o las radios no van a pincharlo y entonces no les interesaría salir con un nuevo álbum tuyo, pero como en Francia no funciona, allí hay que salir con una canción susurrada”. Esto es un disparate.

“¿No pensáis que, al igual que como hacemos con el medio ambiente, también deberíamos preservar el arte?”

Por supuesto que en la música, como en todos los productos, es el cliente el que siempre finalmente tiene la razón, pero ¿y qué pasa con el arte y la expresividad de los artistas? No puede ser que vayan dando tumbos musicales según las modas del momento (solo Madonna se ha adaptado bien).

¿Os imagináis que llegue un día en el que los géneros musicales se vayan agotando? ¿No pensáis que, al igual que como hacemos con el medio ambiente, también deberíamos preservar el arte? No sé cómo ni de qué forma, pero creo que deberíamos impulsar todos los tipos de música. Hay colores para gustos y también debería haber sonidos y artistas para todos.

Probablemente sea una ‘marcianada’ esto que estoy proponiendo, pero Pausini me hizo pensar, me hizo imaginarme un mundo en el que solo suena un estilo de música impuesto por la dictadura del ‘borreguismo’. Y no me gusta.